La Reserva fue creada para facilitar investigaciones y estudios científicos, así como propiciar la educación ambiental. Esta área silvestre es considerada un excelente laboratorio viviente, en donde se puede estudiar la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas tropicales y las relaciones entre ellos.
Carara posee varios ecosistemas como ciénagas, una laguna y bosques de galería, secundarios y primarios. Las ciénagas se forman por las inundaciones estacionales del río Grande de Tárcoles, en una área localizada al noreste de la reserva. Estas zonas son ricas en especies de aves zancudas, anfibios y reptiles asociados a esos ambientes. La laguna ocupa un extenso meandro abandonado del río Grande de Tárcoles, mide unos 600 metros de longitud, 40 metros de ancho y dos metros de profundidad. Prácticamente está cubierta de choreja o lirio de agua y de otras plantas acuáticas.
En este ambiente son abundantes diversas especies de reptiles como los cocodrilos que miden hasta tres metros de largo y de aves acuáticas como las garzas rosadas, los patos aguja, los gallitos de agua, los zambullidores piquipintos y los martín peña. Los cocodrilos son también abundantes y fáciles de observar en el río Grande de Tárcoles.
Los bosques de galería se encuentran en las márgenes de los ríos, son densos, altos y de poca diversidad en especies. El espavel es la especie característica en este hábitat. Los bosques secundarios se localizan sobre terrenos que anteriormente se dedicaron a actividades agropecuarias, tienen una diversidad florística menor que los bosques primarios y presentan más especies caducifolias. La palma viscoyol, muy espinosa, se encuentra formando rosales casi puros en este tipo de bosque. Los bosques primarios ocupan la mayor parte de la reserva. Situados sobre terrenos de 20 a 60 por ciento de pendiente, presentan alta diversidad, varios estratos y abundancia de liana y planas epífitas. Algunos de los árboles que llaman más la atención por su tamaño son el espavel, el ceiba, el guanacaste, el gallinazo, el guácimo colorado, el higuerón, el guayabón y el javillo. Otras especies de árboles son el lechoso, el nazareno que produce una madera preciosa de color púrpura; el cristóbal, el ajo, el hule, el pochote, el mora, el fruta dorada y el ron ron.
La fauna es abundante a pesar del aislamiento de la reserva. La más sobresaliente es: el saíno, el soso caballo, la martilla, la guatusa, el pizote, el mapache, el manigordo, el mono carablanca, el perezoso de dos dedos, el tolomuco, el venado y el zorro cuatro ojos. Una ave muy conspicua por su bello plumaje y porque pràcticamente ha desaparecido del Pacífico Seco, es la lapa roja. Otras especies de aves son: el trogón violáceo, el pavón, al colibrí, el tucancillo el guaco y el chocuaco. Algunas de la sespecies animales antes citadas se encuentran en peligro de extinción o con poblaciones reducidas.
La Reserva Biológica Carara cuenta con numerosos vestigios de ocupaciones indígenas precolombinos. Los estudios arqueológicos realizados han permitido la ubicación hasta el momento de quince sitios arqueológicos que corresponden a dos épocas de ocupación: la Fase Pavas (300 años a.C. - 300 años d.C.) y la Fase Cartago (800 años - 1500 años d.C.), con agricultura como base de subsistencia. De la segunda época de ocupación sobresalen varios sitios, como Carara que corresponde a un basamento rectangular (6x4 m), construido en piedra de río y rocas calcáreas, y Lomas Entierro, una extensa aldea con zonas habitacionales y funerarias en la cima de unas lomas ubicadas frente al río Tárcoles. Lomas Entierro fue un asentamiento principal durante la época precolombina y ejerció un dominio político y económico en la zona baja del río Tárcoles.
Los incendios forestales, la cacería furtiva y la limitación en cuatno a recursos financieros y humanos para hacer frente a la creciente demanda turística por los atractivos que protege la reserva, son los principales problemas que enfrenta la reserva. |